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CURSO DE CEFALEAS

Director: Dr. Feliu Titus

CAPÍTULO 6

Formas Clínicas de la Migraña
Dr. Feliu Titus Albareda
Servicio de Neurología Hospital Vall d’Hebron. Barcelona

 



El elemento común de expresión clínica de la migraña es la presentación de crisis que son autolimitadas en su duración y de evolución remitente-recurrente. Estas crisis, en las que el dolor de cabeza es casi una constante, presentan otros síntomas o signos que van a determinar, según su carácter, la forma clínica. Aunque estas crisis o ataques pueden iniciarse de forma aparentemente espontánea, no resulta extraño que se pueda invocar algún elemento causal en su aparición. El migrañoso, como enfermo, presenta una especial vulnerabilidad a determinados agentes, tanto externos como internos, los cuales pueden actuar como auténticos elementos gatillo de la presentación de las crisis. Estos factores precipitantes, o desencadenantes, son múltiples, muy diversos y no necesariamente compartidos por todos los migrañosos. Incluyen situaciones tanto de carácter físico como biológico y psicológico.
e recogen situaciones tan diversas como cambios hormonales, componentes de la dieta, variación en bioritmos, factores climáticos, situaciones de estrés, etc. La frecuencia de registro de cada uno de ellos, en nuestra experiencia sobre 750 pacientes, es de: estrés un 58%, la alteración en un ritmo del sueño un 35%, determina- dos productos de dieta un 10%, el ayuno prolongado un 16% y la menstruación contabilizando sólo mujeres y en edad fértil alcanza un 51%. La presencia del desencadenante es en ocasiones tan evidente que resulta sumamente fácil establecer una relación de causa-efecto.
En este sentido es paradigmática la migraña menstrual que en muchas mujeres se presenta de forma repetida en cada ciclo y en un momento concreto del mismo. De todas maneras esto no siempre es así, dado que la presencia de un determinado factor puede, en una misma persona, en ocasiones, provocar la crisis y en otras no. Este hecho obliga a introducir un desdoblamiento del concepto de precipitante, el factor de impacto y la situación del sustrato en que se produce. En este último ámbito entra el tono afectivo, el nivel de vigilia, el momento circadiano y en la mujer, además, el clima hormonal. La incidencia de los factores precipitantes se puede recoger en cualquier paciente migrañoso, sea cual sea el tipo de crisis que presenta. En relación con rasgos propios de las crisis, se pueden diferenciar, dentro del contexto de migraña, diversas formas. (Ver clasificación.) Las de mayor entidad y de más habitual observación, como crisis, son las de migraña sin aura (o migraña común) y de migraña con aura (o migraña clásica). Esta diferenciación es válida y generalmente aceptada, por lo que respecta al ataque, aunque no es tanto así, en el concepto de la enfermedad, dado que no es infrecuente que en un mismo paciente concurran, de forma secuenciada o incluso intercalada, episodios de ambos tipos. De hecho, según nuestra experiencia, cerca del 70% de pacientes diagnosticados de migraña clásica reconocen también la presentación de episodios sin aura 1 Los ataques de migraña clásica admiten una subclasificación que se establece en relación a la forma de instauración del aura, su duración, la expresión topográfica de disfunción encefálica y por la presencia asociada o no de cefalea.

MIGRAÑA SIN AURA


Es la forma de más frecuente observación. Su diagnóstico tiene una base estrictamente clínica, que requiere el cumplimiento de unos criterios establecidos por la International Headache Society(IHS)
2.

En ello se evidencia el rango de significación clínica de cada uno. Para establecer un diagnóstico diferencial con la cefalea tipo tensión, que es una situación prácticamente constante en la práctica profesional, adquieren especial importancia la presencia de síntomas digestivos. Es asimismo destacable su agravación con la actividad física y con el traqueteo de la cabeza. En definitiva, la discapacidad que produce. Tienen menor relevancia diagnóstica otros aspectos, como el carácter pulsátil del dolor, o su localización hemicraneal. Para la confirmación se requiere la recurrencia de al menos cinco episodios.
La duración de estos episodios no debe exceder las 72 horas. La frecuencia de presentación de las crisis es muy variable, no sólo para cada individuo sino incluso en el mismo paciente a lo largo de su vida. Este hecho le convierte en un elemento principal para valorar la severidad de la dolencia y también el grado de mejoría ante una determinada pauta de tratamiento. Una marcada variación en la frecuencia de crisis se produce en relación a factores incidentales tan diversos como la edad, contexto social o laboral, alteración afectiva, determinados hábitos, período estacional, gestación, etc. Dar cifras concretas de este parámetro, tomadas de los pacientes atendidos médicamente, introduce un indudable sesgo en el resultado, dado que habitualmente solicitan atención profesional las formas de evolución más severa: como referencia aproximativa valga que alrededor del 50% de migrañosos que acuden al especialista lo hacen por presentar entre una y cuatro crisis al mes. Su distribución porcentual es de 22% una crisis, cifra que se repite en los que presentan dos, alcanza un 16% el número de pacientes que refieren tres, un 15% con cuatro y hasta un 25% reconocen la presencia de cinco o más crisis al mes
3.

La intensidad del dolor es un parámetro de difícil cuantificación. En la crisis de migraña se acepta que debe alcanzar el rango de moderado a severo, siendo excluyente la condición de leve y se requiere la consecuencia de que sea invalidante. En este aspecto contribuyen no tan sólo la magnitud del dolor sino también otros elementos sintomáticos concurrentes en la crisis, como son la agravación al movilizar la cabeza, los trastornos vegetativos y los afectivos. En la práctica resulta muy operativo cuantificar la intensidad de una cefalea por el grado de discapacidad que genera. La escala incluye: el 0 como su ausencia, el 1 dolor leve (permite seguir la actividad), el 2 dolor moderado (permite mantener la actividad pero con dificultad), el 3 dolor severo (impide la actividad), y el 4 dolor muy severo (obliga al reposo en cama). La mayor parte de migrañosos localizan la intensidad de su dolor en el punto 5 en una escala de 0 a 10 4.

La localización de la cefalea suele ser en algún momento de la evolución del ataque de distribución hemicraneal. De aquí parte la denominación de la dolencia, sin embargo este hecho se cumple sólo entre un 60% y un 80% de crisis de migraña sin aura
1. En un 40% de casos el dolor al menos en su inicio es bilateral 5. El carácter pulsátil del dolor, contabilizando su presencia, cuando es referido como tal, en algún momento de la evolución de la crisis, rebasa el 80% 1.
La duración de los ataques, que siempre debe estar dentro de la banda de acotación temporal definida, puede variar de unas crisis a otras, aunque en general existe un perfil de crisis bastante repetitivo para cada enfermo. Determinadas crisis suelen tener una evolución especialmente prolongada, como ocurre con la migraña menstrual. Para establecer la duración se contabiliza también el período de tiempo en que el paciente duerme, siempre que al despertar persista la cefalea iniciada antes de acostarse. Aunque los signos y síntomas de disfunción vegetativa suelen estar presentes en cualquier tipo de crisis de migraña, donde alcanzan un valor diagnóstico más importante es en la migraña sin aura.

Durante la crisis se produce una alteración de la percepción, que se traduce por una hipersensibilidad frente a la mayoría de estímulos sensoriales. Lo que resulta más evidente es la fotofobia y sonofobia que se registra en mayor o menor grado en más del 80% de pacientes. Suele existir también osmofobia e incluso dolor a la presión en determinados puntos de la cabeza. Se pueden observar también fenómenos vasomotores que en el territorio de la carótida externa se manifiestan por palidez cutánea facial. Algunos pacientes, cerca de un 7%, reconocen haber presentado un episodio sincopal en el transcurso de una crisis 1.

La sintomatología digestiva es tan frecuente y tan fácil de detectar que se convierte en un criterio diagnóstico fundamental de la migraña sin aura. Se manifiesta de forma muy diversa en cada paciente, de forma que puede variar de una simple inapetencia, que es prácticamente constante en todos los casos, a la aparición de náuseas, que se registra en cerca del 90% 6, hasta vómito que presentan entre un 30 y un 50% 6, 1 e incluso despeño diarreico (6%) 1. El sistema nervioso autónomo está directamente implicado en determinados síndromes que se caracterizan por dolor con una determinada localización y signos disautonómicos locales 7 En el caso de la migraña sin aura se ha demostrado que existe gran inestabilidad en la respuesta vegetativa global 8 .

MIGRAÑA CON AURA

La entidad clínica que alcanzan los síntomas y signos propios del aura migrañosa permite una fácil identificación y diferenciación de este tipo de crisis. El diagnóstico debe partir de criterios clínicos. Por su perfil mejor definido la
presentación de dos episodios, dado que se mantiene la necesidad de recurrencia, permite establecer el diagnóstico 2. En este caso no es el sistema nervioso autónomo el que genera la mayor expresividad clínica del proceso.

El protagonismo radica en el aura, la cual se caracteriza por la aparición de signos o síntomas de disfunción neurológica focal, y aunque su relación temporal con las otras manifestaciones de la crisis suele ser anticipada, en realidad puede aparecer en cualquier momento de su desarrollo. La forma de presentación de los síntomas propios del aura es un rasgo importante para el diagnóstico. La instauración del trastorno neurológico, es progresiva, con extensión también lenta, en minutos, y su duración es en general corta, cerca de treinta minutos, aunque su limitación consensuada queda en una hora. La sintomatología visual es con mucho la más frecuente. Su expresión puede ser muy diversa, lo más habitual son fotopsias y diversos trastornos de déficit visual campimétrico en forma de escotoma, siendo el más clásico el escotoma centelleante, aunque el alcance de campo puede ser más amplio desarrollando una hemianopsia homónima eincluso una amaurosis completa transitoria. Su frecuencia de presentación entre los síntomas del aura es de un 75% 1.
Le siguen en frecuencia los síntomas sensitivos (40%), en general en forma de disestesia e hipoestesia, que manteniendo el carácter extenso-progresivo lento puede iniciarse en la cara y extenderse a la extremidad superior o incluso a todo un hemicuerpo. El camino de extensión puede seguir también un recorrido inverso al referido. Un carácter singular es que la remisión sigue un trayecto parecido y en el mismo sentido que la instauración. Puede aparecer también (20%) déficit motor con paresia evidente o como resulta más habitual como sensación de torpeza en un miembro o en todo un hemicuerpo. Con frecuencia similar se recoge aparición de un trastorno de lenguaje que a veces es de carácter disartrico y en otras ocasiones corresponde a una disfasia. En este tipo de crisis, tanto la cefalea como los trastornos vegetativos y afectivos, aunque suelen estar presentes, pierden entidad frente a los síntomas propios del aura.
La cefalea y las náuseas pueden persistir entre unas horas o bien todo un día tras la remisión de la sintomatología neurológica. En episodios de evolución más severa se puede observar la recurrencia del aura, dentro del contexto de la misma crisis.

Dentro del concepto de migraña con aura o clásica se identifican formas clínicas según la expresión topográfica neurológica que presenta una situación que en general se produce de forma repetida como ocurre con la definida por Bickers-taff 9 como migraña basilar, cuyo elemento fundamental es que las manifestaciones neurológicas presentes corresponden a la expresión sintomática del territorio encefálico de irrigación vertebrobasilar. Otras características recogidas por el autor como las que se presentan en mujeres jóvenes, dentro de un contexto familiar y con relación menstrual, son menos evidentes. Aunque el interés de dicha diferenciación es básicamente clínico, para el diagnóstico es útil considerar esta etiología entre las diversas situaciones que pueden cursar con amaurosis brusca transitoria y también en los síndromes de disfunción paroxística y transitoria de estructuras de tronco cerebral.
La migraña hemipléjica que se diferenció en forma esporádica y familiar, en realidad corresponde a un síndrome. Que el aura migrañosa se exprese por una hemiparesia transitoria obliga a un amplio y meticuloso diagnóstico diferencial que incluye el accidente vascular cerebral transitorio embólico y aterotrombótico y otras situaciones patológicas que se expresan también con esta sintomatología como la homocistenuria o bien determinadas citopatías mitocondriales (MELAS). Cuando la migraña hemipléjica adquiere carácter familiar puede corresponder a una alteración genética que condiciona una canalopatía
10, o bien a una patología arterial hereditaria de carácter dominante con infartos subcorticales y leucoencefalopatía (CADASIL) 11 .
Se recoge también en la clasificación de la migraña clásica (IHS) la presencia del aura migrañosa sin cefalea. Por experiencia reconocemos este tipo de crisis especialmente en mujeres en la edad media de la vida sin que le podamos conceder rango de entidad diferenciada dentro de la plural expresión de la migraña clásica. Corresponde a lo que en décadas previas se denominó equivalente migrañoso.
Tanto la migraña retiniana como la oftalmopléjica muestran un perfil clínico tan diferenciado que merecen una consideración en otro apartado. Al finalizar esta descripción podemos plantear una cuestión ¿por qué no verosímil? Será imperativo en un futuro segregar entidades dentro del contexto actual de la migraña en lugar de plantearnos una distribución taxomómica de la dolencia. ¿Supondría pues que la migraña, planteada en la concepción actual, es un síndrome?

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

1. Titus, F., Migraña y otras cefaleas vasculares. Ed. F. Titus MCR Barcelona, 1990.

2. Headache Clasification Committee, IHS Classification and diagnostic criteria for headache, Cephalalgia, 1988; 8 (suppl. 7), págs. 1-96.

3. Silberstein, S. D., Migraine symptoms: results of a survey of self-reported migraineurs, Headache1995; 35, págs. 387-396.

4. Stewart, W. F., Schecter A, Lipton RB. Migraine heterogenety: disability, pain intensity, frecuency and duration, Neurology, 1994; 44 (4), págs. 24-39.

5. Selby, G.; Lance, J. W., Observations of 500 cases of migraine. J. Neurol. Neurosurg Psichiatry, 1960; 23, págs. 23-32.

6. Silberstein, S. D.; Lipton, R. B.; Goadsby, P. J., Headache in clinical practice. Isis Medical Media. Oxford, 1998.

7. Evers, S.; Voss, H.; Bauer, B., et al., Peripheral autonomic potentials in primary headache. Cephalalgia, 1998, 18 (4), págs. 216-221.

8. Mongini, F., Headache and facial pain. Thieme Verlag. Stuttgart, 1999.

9. Bickerstaff, E. R., Basilar artery migraine. Lancet, 1961 ii, págs. 15-17.

10. Ophoff, R. A.; van Eijk, R.; Sandkuijl, L. A., et al., Genetic heterogeneity of familiar hemiplegic migraine. Genomics, 1994; 22, págs. 21-26.

11. Chabriat, H.; Vahedi, K.; Iba-Zizen, M. T., et al., Clinical espectrum of CADASIL: a study of seven families. Lancet, 1995; 346, págs. 934-939.