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| La migraña, con y sin
aura, cuando se presenta con todos sus rasgos clínicos característicos
no ofrece dudas diagnósticas y no requiere prácticamente nunca plantear
un diagnóstico diferencial. Sin embargo, en muchas ocasiones el paciente
no refiere bien la sintomatología, o el cuadro no es completo o bien
atendemos un primer episodio en el momento de la crisis. En estos casos
deberemos plantear un diagnóstico diferencial con todas aquellas
entidades que puedan producir una cefalea de similares características.
Cuando la cefalea es el síntoma predominante o el único síntoma hemos de pensar que en la gran mayoría de ocasiones estamos ante una cefalea primaria, y dentro de éstas ante una migraña o una cefalea de tensión. Aun así, al evaluar un paciente con cefalea, nuestro principal objetivo debe ser descartar una cefalea secundaria. La evaluación de la cefalea se basa en la anamnesis, la exploración general y neurológica y en algunos casos en la realización de exploraciones complementarias. El aspecto más importante es la anamnesis. Pensemos que en las cefaleas primarias el diagnóstico es puramente descriptivo y ello comporta un interrogatorio minucioso. La anamnesis debe recoger una serie de puntos fundamentales: perfil temporal, descripción y características del dolor, síntomas asociados, factores desencadenantes, agravantes y de alivio, y la historia personal y familiar del paciente. De cara al diagnóstico diferencial es importante establecer correctamente el perfil temporal: cefalea recurrente, crónica o de reciente aparición. Asimismo se deben valorar los denominados «síntomas de alarma» que pueden sugerir que estamos ante una cefalea secundaria potencialmente grave (tabla 1).El diagnóstico diferencial a plantear también variará según el momento en que se efectúe examen del paciente; así, por ejemplo, una migraña valorada en el momento del dolor y especialmente si es la primera crisis obliga a plantear un diagnóstico diferencial amplio con enfermedades graves que pueden cursar con cefalea: hemorragia subaracnoidea, meningitis, AVC, disección arterial, glaucoma, etc.Una vez excluida una cefalea secundaria debe establecerse el diagnóstico entre las diferentes cefaleas primarias. Si el cuadro clínico es típico el diagnóstico no implicará mayor problema. Así en la cefalea tensional el dolor es bilateral, de carácter opresivo, intensidad leve o moderada, no empeora con la actividad física ni interfiere con la actividad del paciente y no presenta síntomas asociados. Sin embargo, en algunos casos, y por diferentes motivos, puede ser difícil establecer nítidamente la frontera entre las crisis de migraña y los episodios de cefalea de tensión. La cefalea en acúmulos afecta de forma característica a varones. Su perfil temporal y los fenómenos autonómicos locales que acompañan al dolor son muy característicos. Algunos pacientes presentan formas mixtas en las que se combinan rasgos propios de la migraña y de la cefalea en acúmulos. En la tabla 2 se establecen las principales características de cada una de las principales cefaleas primarias. El aura migrañosa al representar una focalidad neurológica requiere un diagnóstico diferencial propio, especialmente en aquellos casos en que no se acompaña de cefalea. El cuadro típico, es decir, con sintomatología neurológica positiva, de lenta instauración, duración inferior a una hora, cefalea posterior, especialmente cuando ha repetido en diferentes ocasiones y el hemisferio afecto alterna, prácticamente tampoco ofrece dudas diagnósticas. Una migraña con aura atípica, ya sea por su inicio, duración, ausencia de cefalea, etc., nos obliga a descartar otras entidades neurológicas, como la patología vascular cerebral o la epilepsia. La migraña basilar, la migraña oftalmopléjica y la migraña hemipléjica familiar requieren asimismo un diagnóstico diferencial con distintos procesos.
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